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HISTORIAS
DE SERVICIO
LA DIFERENCIA ENTRE
OIR Y ESCUCHAR AL CLIENTE
Fernando Krasovitzky
Director General
Leventer Group |
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Durante mi último
viaje a Monterrey tuve la oportunidad de comprobar
la enorme diferencia entre oír y escuchar,
así como el poder de este último para
crear experiencias positivas de servicio.
Por cuestiones de horario mis vuelos de ida y vuelta
fueron en dos líneas aéreas distintas,
a las cuales llamaremos “Aerolínea
Oídos” y “Aerolínea Orejas”.
Despegué temprano por la mañana y
al poco tiempo se acercó un sobrecargo de
“Aerolínea Oídos” para
ofrecerme algo de tomar. Como siempre, pedí
un café negro, sin azúcar. Alrededor
de 30 minutos más tarde se aproximó
nuevamente: “¿desea otro café?”.
Me asombró que recordara mi bebida, sobretodo
porque estaba atendiendo al menos a otros 40 pasajeros.
Acepté y me dijo: “negro y sin azúcar,
¿correcto?”. Qué sorpresa ¡!
Me costaba creer que hubiese retenido hasta el último
detalle de mi preferencia.
La experiencia fue realmente grata y muy diferente
a lo que uno está acostumbrado a vivir cuando
viaja en avión. La capacidad de este empleado
había ayudado a la aerolínea a mejorar
su imagen ante mí y a destacarse de las demás;
algo que quedó evidenciado durante mi vuelo
de regreso en “Aerolínea Orejas”
ese mismo día por la tarde.
Durante el trayecto, una sobrecargo se acercó
preguntándome si deseaba algo de beber. “Un
refresco de manzana SIN
hielo, por favor”, respondí, haciendo
énfasis en la palabra “sin”.
Acto seguido, la empleada procedió a entregarme
un vaso de refresco de manzana…CON
hielo ¡!! Era increíble, pero esta
persona había olvidado en milésimas
de segundo mi solicitud…evidentemente no me
había escuchado. Molesto por la situación,
preferí guardar silencio.
De esta historia quedan claras dos cosas:
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En
el servicio, la gente hace la diferencia |
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No
es lo mismo oír que escuchar; en otras
palabras, no es lo mismo tener orejas que tener
oídos. |
En el caso de “Aerolínea
Oídos”, el sobrecargo demostró
un verdadero interés en ofrecerme una atención
de excelencia para hacerme sentir especial. Me escuchó,
retuvo mis palabras y luego actuó utilizando
ese conocimiento a mi favor. En cambio, la empleada
de “Aerolínea Orejas” simplemente
se limitó a hacer lo mínimo necesario
para cumplir con su trabajo, comportándose
de manera mecánica y generándome sentimientos
negativos al demostrarme que no estaba interesada
en atenderme.
Ironías de la vida, pues mientras “Aerolínea
Oídos” promueve en su publicidad aspectos
como sus tarifas o nuevos destinos, uno de los ejes
de comunicación de “Aerolínea
Orejas” es, ni más ni menos…la
calidad de su servicio ¡!!
En el mundo del servicio escuchar es mucho más
importante que hablar. Escuchar atentamente trae
beneficios racionales-tangibles y también
emocionales-intangibles.
Desde un aspecto racional-tangible, escuchar es
la clave para conocer mejor a los clientes, para
comprender sus necesidades y para llegar a la raíz
de sus problemas. Escuchar nos ayuda a ofrecer una
mejor atención al permitir focalizarnos en
acciones efectivas que generen los resultados que
el cliente espera.
Pero tal vez más importante que ello son
los beneficios emocionales-intangibles. Escuchar
demuestra respeto y humildad. Escuchar le comunica
al cliente que estamos verdaderamente interesados
en él. Escuchar produce empatía y
un sentimiento de reconocimiento…Escuchar
deleita a los clientes ¡!!.
Un estudio realizado en Estados Unidos y publicado
en el libro “Customer Loyalty: How to Earn
It, How to Keep It” (Jill Griffin, Jossey-Bass,
2002) reportó que el 87% de los clientes
siente que las empresas con las que tienen contacto
no los escuchan lo suficiente.
Parece mentira pero algo tan sencillo como escuchar
es muy difícil de encontrar en las organizaciones
de hoy en día. La mayoría de los empleados
actúa como la sobrecargo de “Aerolínea
Orejas”, cumpliendo procesos de manera robotizada
y olvidándose de su principal responsabilidad:
atender eficientemente los requerimientos de los
clientes y alcanzar su entera satisfacción.
Por ello, presentamos a continuación algunos
consejos muy sencillos que mejorarán significativamente
sus habilidades para escuchar a sus clientes internos
y externos.
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Reconozca
el enorme poder y los beneficios de escuchar
atentamente a los demás. |
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Cuando
el cliente hable, suspenda todo lo que esté
haciendo. |
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Concéntrese 100%
en el cliente. No permita distracciones. |
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Si el trato es personal,
establezca contacto visual con frecuencia; sin
incomodar al cliente, claro está. |
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Si el contacto es telefónico,
cierre los ojos o enfóquelos en un punto
fijo. |
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Mientras el cliente
hable, escriba palabras clave en una hoja de
papel. Esto le ayudará a retener las
principales ideas. |
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Nunca interrumpa a un
cliente ¡! Sea prudente y permita que
termine de hablar. |
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Controle sus emociones.
En ocasiones no nos gusta lo que estamos escuchando,
pero si permite que sus sentimientos afloren,
dejará de concentrarse en lo más
importante: los sentimientos del cliente. |
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No formule conclusiones
hasta no haber escuchado todo el mensaje del
cliente. |
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Lea el lenguaje corporal
y el tono de voz del cliente. Generalmente éstos
comunican mucho más que las simples palabras. |
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Si algo no le ha quedado
claro, pídale al cliente que lo repita. |
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Parafrasee y solicite
el asentimiento del cliente. |
Trate de implementar en su vida diaria la mayor cantidad
de estos puntos y lo convertirán en un mejor
servidor, harán más efectiva su comunicación
con los demás y lo ayudarán a entender
mejor lo que sus clientes esperan de usted, haciéndolos
sentir más satisfechos y contentos.
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